Logia Masónica Guillem de Montrodón, de Zaragoza

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Guillem de Montrodón

Iniciación Masónica Rectificada

Régimen Escocés Rectificado

Templo Masónico Zaragoza

Orden Caballeros del Temple

 


 Guillem de Montrodón, Maestro Rey Jaime I

Guillem de Montrodón, Maestro del Rey Jaime I el Conquistador - 1


La siguiente historia revela la personalidad de un Gran Hombre, Guillem de Montrodón, contada por su discípulo más notable:

El Rey Jaime I el Conquistador escribe sus recuerdos, el tiempo que pasó junto a su Maestro, Guillem de Montrodón, en Monzón:

      Uno de los aspectos que siempre y a lo largo de mi azarosa vida me intrigó, de mi estancia en el castillo de Monzón, fue el no saber realmente lo que hacían los freires y mi Maestre Guillem de Montrodón, en los sótanos o cripta del castillo.

    Aunque en alguna ocasión tenía que limpiar y ordenar por mandato de mi Maestre, recuerdo, cuando mi mente está serena de las obligaciones de mi cargo, momentos, a los que entonces no les daba importancia.

    No sólo bajaban a la cripta Templarios, sino que, de vez en cuando, también lo hacían musulmanes, árabes y otros que me eran desconocidos.

    Yo siempre esperaba a mi Protector Guillem de Montrodón, ya que eran los únicos momentos en que se ausentaba de mí. Y cuando salían, su semblante era relajado y sonriente, incluso tenía ganas de jugar, situación que por mi edad estaba deseando.

    Todo esto era subyugante para mí, que iba a ser el Rey. En muchas ocasiones, busqué mil artimañas, como niño que fui, para colarme en éstas reuniones y de ésta manera saciar mi curiosidad.

    Pero me fue harto imposible, así fue que en una de éstas ocasiones, aunque realmente sólo pude oír, la profunda impresión que causó en mi, es algo que nunca logré olvidar.

    Los dientes me entrechocaban de emoción a un tiempo, al temor de que me descubrieran, escuchaba desde un orificio o respiradero que daba al pasadizo de la cripta, como ellos la llamaban.

    Sin poder ver absolutamente nada de lo que hacían, por las voces pude identificar a los que conocía, sin temor a equivocarme.

      Un gran silencio se produjo, roto por la voz que mejor entendí y conocía del castillo, rompiendo el silencio con éstas palabras, mi Maestre Guillem de Montrodón dijo:

    "Que la luz de la más ANTIGUA FE alumbre nuestra reunión, Hermanos".


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